El Consultor Aumentado: cómo automatizo procesos de empresas con IA

    Ponencia de César Moya (iAgusto.app) en Locos de la IA.

    La ponencia en 13 momentos clave

    No vendas IA: vende tardes libres

    El momento en que entendí para qué sirve la IA

    De cero a consultor de IA en 24 meses

    Proyectos de IA que ya facturan

    La consultoría de IA ha cambiado

    Automatiza tu negocio y recupera tus domingos

    Qué es un consultor aumentado

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    Una confesión para empezar

    Hace 24 meses no tenía ni idea de programar. Y ahora mismo, tampoco. Pero vivo de hacer software para empresas y la verdad es que no me va mal. Hago las cosas que las empresas necesitan, y las desarrollo gracias a la ayuda de la IA.

    Uso una herramienta que mucha gente lleva ahora mismo en el bolsillo para preguntarle qué puede cenar esta noche. Con eso, con lo que es una IA, un LLM, empecé yo a ver que esto tenía sentido. Ahí empecé a flipar.

    Soy César Moya, o César Augusto, como me pusieron mis padres. César iAgusto me llaman ahora por el tema de la IA, y iAgusto.app es mi empresa.

    Os voy a confesar varias cosas hoy. Una: muchas veces vendo proyectos. Hago una consultoría, un presupuesto, una proyección impresionante, me la firman bien pagada, y cuando acabo me tengo que encerrar cinco horas con la IA a ver cómo se hace eso que acabo de vender. Creo que eso nos pasa a muchos desarrolladores: vamos por delante de lo que sabemos, y la IA casi siempre va por delante de nosotros. Hay que ser atrevido para hacer lo que hago. Como lo soy, aquí estoy.

    Cuando hablo de "cliente", el cliente podéis ser vosotros. Podéis automatizar vuestras propias tareas, eso que os da pereza hacer, y que lo haga la IA o un agente. Mejor cliente que vosotros mismos no va a haber ninguno.

    El cliente que me espera "cuando vuelva de Londres"

    Tengo un cliente con 550 clientes propios. Su problema era confirmar que todos los impuestos que había presentado durante el año cuadraban con la contabilidad real, que estaba en otra base de datos: un sistema basado en COBOL de los años 60 o 70.

    No hay API, pero le dije: te puedo hacer una automatización. Te descargas los Excel, los mandas todos por email, y en 40 segundos te llega el Excel con todas las discrepancias de la contabilidad, de los modelos, de las casillas que tienes que presentar en el 390 de Hacienda. Todo.

    Tres meses trabajando en ello. Y a última hora me dice: "Esto no va". ¿Cómo que no va? "El sujeto pasivo, cuando factura las intracomunitarias, en la casilla 17 no se refleja en la contabilidad real..." Le pregunto: ¿cuántos clientes tienes con ese caso concreto? "Cinco o seis." De 550. Le dije: piensa bien lo que me estás diciendo, que llevo tres meses con esto, y cuando vuelva de Londres hablamos. "¿Te vas a Londres?" No, no lo tengo previsto. Es una buena manera de mandarlo a paseo.

    Tres preguntas

    ¿Quién, un domingo a las ocho de la tarde, ha sentido un nudo en el estómago pensando en el Excel que va a tener que repasar el lunes?

    ¿Quién ha mirado su nómina y ha pensado: "Yo valgo más que esto, puedo aportar mucho más de lo que me pagan"?

    ¿Y quién, en pleno agosto, ha estado refrescando el móvil en la playa porque le faltaba un contrato, una factura, algo del trabajo por cerrar?

    Yo, hace dos años, dije que sí a las tres. Y lo peor no era la respuesta: lo peor era no decirlo en voz alta. No admitir que tienes miedo, porque en este país eso te convierte en flojo. Y yo no quería ser flojo. Yo solo quería vivir bien, poder decir que no a muchas cosas, y no tener que mirar el móvil cuando estaba en la playa. Ahí empezó el cambio de mentalidad.

    La tarde en el hotel que me cambió la vida

    En 2024 hacía visitas a puerta fría. Para quien no lo haya hecho: es irte a llamar puertas por los polígonos, presentándote, que te traten mal la mayoría, que te mojes cuando llueve, que te duelan los pies. Yo sabía que para hacer 30 contratos a la semana en Tarragona tenía que hacer 150 visitas. Esa es mi manera de trabajar.

    Toda la mañana pateando polígonos. Y por la tarde llegaba al hotel: piscina infinita, buffet, todo pagado por la empresa. ¿Y qué me tocaba? Ponerme a pasar todos los datos de la mañana y generar todos los contratos en PDF, mandárselos a la administrativa. Cuatro horas en la habitación mirando la piscina por la ventana.

    Yo ya estaba haciendo el máster de IA. Y pensé: esto son tres horas infinitas, como la piscina. Esto me lo va a hacer una máquina. Porque había visto en el máster que puedes hacer una foto a un papel, a una tarjeta de visita, y que una IA te saque los datos. Y esos datos pueden ir corriendo por plantillas de documentos, pasar a PDF, subirse a una carpeta de Google compartida con las administrativas, que ellas lo den de alta, que se dé de alta solo en el ERP, que el director comercial lo vea.

    Dediqué lo que me quedaba de tarde, hasta la cena, a montarlo. En cuatro días lo tenía. ¿Qué hice el quinto? Me bajé a la piscina y dije: esto no lo tengo que hacer nunca más.

    Lo que el cliente compra no es la herramienta

    Si alguien hubiera venido a decirme: "César, te traigo un workflow en JSON enlazado con webhooks al ERP que genera entradas en Supabase y lo comparte todo en un RAG vectorizado con grafos semánticos"... le habría dicho que nos veíamos cuando volviera de Londres. No me habría enterado de nada.

    En cambio, si me hubiera dicho: "¿Quieres tener las tardes libres para bajarte a esa piscina?", habría preguntado dónde hay que firmar.

    Ese es el cambio. No tenéis que vender herramientas, ni vender que lo habéis hecho con N8N, con Make o con lo que sea. Tenéis que vender las tardes libres. El domingo con la cabeza despejada. El control de los datos en tiempo real.

    Si tienes claro el problema que quieres solucionar, eso no caduca. El cliente no compra la herramienta: compra la solución. Compra que los documentos se hagan solos y se suban solos, y tener más tiempo para lo que de verdad importa. No hace falta que sea más productivo: a veces solo quiere vivir tranquilo.

    El resto del mercado se centra en "soluciones tecnológicas escalables, cloud native, embeddings". Tú solo tienes que decirle si quiere las tardes libres. Eso es lo que se vende: los domingos sin un nudo en el estómago.

    Casos reales que están funcionando

    Estos son casos en producción, de sectores totalmente distintos, cada uno amortizado en menos de tres meses:

    - Archivado automático de facturas. Un audio del comercial que se convierte en factura en 30 segundos.

    - Proyectos que se lanzan solos cuando entra un email en una fábrica donde antes hacían las cosas con boli y papel.

    - Una logística con 1.500 camiones al día en Cataluña que no sabía si había camiones parados porque los chóferes se demoraban, y luego le llegaba una multa de miles de euros por no llegar a tiempo. Ahora el director lo ve en el móvil, en tiempo real.

    - 1.500 páginas de PDF de mediciones de obra que un ingeniero a 50 € la hora copiaba y pegaba a mano durante 10 días. Eso ya no hay que copiarlo. Y pronto, al levantarse por la mañana, tendrá todas las licitaciones de obra de su comunidad autónoma para decidir si entra o no.

    Cada cliente resolvió una herida concreta. Cada uno sigue hoy conmigo. Menos el que me está esperando a que vuelva de Londres.

    En mi página web podéis ver exactamente lo que hacen, con texto explicándolo. No vendo una tabla de Google Sheets con un botón feo: vendo que seleccionas una fila y se hacen todos los documentos que necesitas en 30 segundos. Y mientras no haya algo mucho mejor, no lo voy a cambiar.

    Mis dos años en 60 segundos

    Primero automaticé mi propio trabajo. Recuperé mis tardes y me fui a la piscina todas las veces que quise.

    Después automaticé a todos mis compañeros. Todo el departamento comercial empezó a vivir como yo, y en los departamentos que no tocaba empezaron a mirarme raro.

    Luego me fui de la empresa. Y ella es hoy mi clienta.

    Me monté la empresa y ahora soy desarrollador, además de llevar otros proyectos. Empecé a dar clase en la EBF (European Business Factory) de Murcia: ¿quién me iba a decir que pasaría de alumno a profesor? Estamos dando el primer máster, con una transversal de IA para empresas, todo subvencionado por FUNDAE. 30 alumnos por edición. La segunda edición empieza en octubre.

    ¿Y quién me iba a decir, hace dos años, que estaría aquí como ponente en Locos de la IA? Os juro que todo esto ha pasado en dos años.

    La consultoría ya no es enseñar herramientas

    Voy a decir algo que molestará a la mitad de los consultores. La consultoría ya no es enseñar herramientas. "Mirad qué bonito mi front-end, mi back-end, mi Supabase." Nada de eso.

    El cliente puede hacerse una app él mismo en media hora. Puede montarse un N8N un sábado por la tarde. Tiene millones de minutos de YouTube para aprender lo que quiera.

    Lo que tú tienes que ser es el catalizador de sus problemas. Que te cuente el problema, saber trocearlo en tareas, y ser rápido: tener tus modelos entrenados con toda la información del cliente para que, cuando diga la "a", tú ya tengas la "z" en la pantalla y flipe.

    La consultoría son dos cosas: detectar el problema real y trocearlo en pasos automatizables. La herramienta caducará y mañana será otra, y al cliente le da igual. El cliente quiere la solución. Si has detectado bien el dolor, siempre podrás actualizarlo con la herramienta que sea. Parece fácil, pero sacar la información, encontrar el problema y trocearlo es lo más difícil de la consultoría. Y ahí es donde aportamos valor las personas, porque todo lo demás te lo va a hacer la IA.

    El experimento del consultor aumentado

    Por eso me inventé el concepto de "consultor aumentado". El experimento que estamos haciendo con los alumnos, que vienen con ganas de patear y se hacen puerta fría: ya no enseñan nada. Solo le dicen a la empresa: "¿Qué es lo que más pereza te da hacer en la pantalla? ¿Y cuántas horas le dedicas al mes?". Ya está.

    Y al día siguiente: "Mira, te traigo una aplicación demo. Es la solución a lo que me dijiste ayer". Eso cala. No es lo mismo que decir "yo hago esto" o preguntar "¿qué necesitas?". La gente no sabe lo que necesita. Un tío revisando un Excel de 35.000 líneas lo que necesita es irse a casa. No se lo preguntes. Pregúntale qué le da pereza: eso sí te lo va a decir. Cualquiera en la empresa estará encantado de contarte lo que detesta hacer. Ahí está el dolor, y ahí hay que arrancar, con lo que llamamos los quick wins, las victorias rápidas, para engancharlo y que vea que esto tiene sentido.

    Si le estás dando horas libres y calidad de vida a la gente, eso no se discute en ningún comité. Nunca te van a discutir el precio si de verdad se lo has conseguido.

    Una ventaja para los que peinamos canas

    Los que llevamos años en esto tenemos una ventaja sobre los más jóvenes, que traen ganas y conocimiento, pero no han vivido lo que es un fax. Nosotros hemos vivido el fax, el email, las páginas web, las redes sociales, y ahora esto.

    ¿Por qué es una ventaja? Porque a quien le vas a vender en una empresa suele ser un CEO de nuestra edad. Cuando te cuente su problema podrás decirle: "Lo que te pasa a ti con los albaranes me pasaba a mí con los faxes en 2008". Y ahí conectas. "Este habla mi idioma." Y al final es el que paga.

    El que tiene una herida y se la curas te va a pagar lo que le pidas. El que solo sabe programar cobra por horas. Sin desmerecer a quien sabe programar: porque si además sabe vender soluciones, ese nos pasa por la derecha echando leches.

    La demo: de una foto a cinco documentos antes de llegar al coche

    Hasta aquí la teoría. Os enseño la automatización con la que me cambió la vida. Está hecha con Make, para que lo veáis con cariño.

    Cada bolita azul del flujo eran 20 minutos de trabajo manual: el contrato de tratamiento con la forma que exige un Real Decreto, el guardado en el Drive compartido, las etiquetas... Cinco documentos, una hora y media de trabajo.

    Empieza con la foto del cuño de una tarjeta de visita. Ahí ya tienes la dirección, el CIF, el nombre, la razón social, el código postal, el horario, el email, el teléfono. Eso lo escribía yo saliendo del cliente, andando hacia el coche, con mi letra fea y escribiendo de pie.

    Lo mando. Confirmo un par de datos que faltan. Y la IA empieza a sacar todos los datos del papel. En lo que tardo en llegar al coche, me llega un email: "Hola, César, aquí tienes los documentos del alta de Contenedores 3". Pincho el enlace y ahí está la carpeta de Drive con su nombre: el contrato de tratamiento de residuos, el documento de aceptación de tarifas con los precios detectados, las etiquetas para los contenedores y el alta lista para que la administrativa no tenga que picar ni una letra.

    Todo en lo que tardo en llegar al coche y arrancar. Esto es a lo que me refiero con vender tardes libres.

    El regalo

    Para terminar: no vendáis tecnología. Vended domingos sin nudos en el estómago y tardes de piscina.

    Muchísimas gracias a todos, y a la organización de Locos de la IA por montar esto.